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"¿Qué te parece desto, Sancho?, dijo Don Quijote: ¿hay encantos que valgan contra la verdadera valentía? Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible".
En el capítulo más original del Quijote, así habla el Caballero de la Triste Figura, terminada su genial aventura de los leones. Claro se ve que es Don Quijote, nuestro Don Quijote, el verdadero antipolo del pragmatista, del hombre que hace del éxito, de la aventura, la vara con que se miden la virtud y la verdad. Es muy posible que un pueblo que tenga algo de Don Quijote no sea siempre lo que se llama un pueblo próspero. Que sea un pueblo inferior: he aquí lo que yo no concederé nunca. Tampoco hemos de creer que sea un pueblo inútil, de existencia superflua para el conjunto de la cultura humana, ni que carezca de una misión concreta que cumplir, o de un instrumento importante en que soplar dentro de la total orquesta de la historia. Porque algún día habrá que retar a los leones, con armas totalmente inadecuadas para luchar con ellos. Y hará falta un loco que intente la aventura. Un loco ejemplar". (Antonio Machado, Prosas Completas. Ed. Crítica de Oreste Macrì. Madrid, Espasa Calpe-Fundación Antonio Machado, 1988).
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